4. En un lugar así quiero que esté reposando
¿Recordará Mamá Vieja en el lugar en que ella está los doce grandes pomos de cristal repletos de dulce en almíbar y turrones de las frutas de Camaurije? Había cascos de guayaba, dulce de guineo, naranjas, toronjas, canisteles, pomas de río, piñas cubanas, piñas de la reina, mango macho, mango toledo, coco, turrones del jugo de caña, anón de ojo y anón de manteca y estos cambiaban y se combinaban. Tres veces al día pasábamos en fila por el comedor en cuya pared los pomos como los apóstoles hacían el milagro de la felicidad. Nosotros elegíamos lo que queríamos ese día y nuestro deseo se cumplía. En un lugar así quiero que esté reposando porque ese era sin duda el Paraíso que ella nos creó en vida.
Cuando Mamá Vieja decía a las ocho aquí, todos éramos más puntuales que los ingleses de sangre azul. Creo que disfrutábamos más del corre-corre del poblado, jugando a los vaqueros, a los bandidos, a la mona y a la gallinita ciega porque teníamos el tiempo contado. Por si fuera poco, había que entrar bañado lo cual era la gozadera final. La piara de pequeños del lugar nos seguía y todos participábamos del baño colectivo en el pozo de Juana muy cerca de la casa. Cuando el frío estaba de “anjá” nos calentábamos primero frotando todo el cuerpo muy rápidamente y de ahí nos lanzábamos de cabeza al pozo del río. Yo nadaba por debajo del agua hasta que la respiración me obligaba a sacar la cabeza. Lo difícil era sacar el cuerpo porque entonces sí que el frío chiflaba hasta al mismísimo mono.
Abuela ya nos esperaba a la entrada de la casa con las toallas y después de secarnos nos hacía abrigar. Antes de la cena un trago de ponche de huevo de pato en vino seco “para fortalecer la defensa y evitar los catarros de temporada”. Esto era tan puntual desde diciembre hasta finales de marzo como la cucharadita de aceite de hígado de bacalao por la mañana, antes del desayuno, los lunes, miércoles y viernes. Cuando había alguna vaca parida temprano en la mañana nos tirábamos de la cama y había que ir para el corral donde Abilio el Ordeñador nos daba el apoyo que era la primera leche sacada de la vaca e inmediatamente bebida, cruda, por supuesto. Decían que fortalecía, además de la defensa, la cabeza para rendir más en la escuela. Con el tiempo y la costumbre de aquel ritual matutino todos disfrutábamos porque ¡ay de aquel muchacho que no bebiera el apoyo! Abilio iba inmediatamente con la chismería donde abuela y el fuete de abrojo se hacía sentir y en vez de un vaso tendría que beberse dos.
Una vez el primo Armando hijo de tía Sofía se hizo el que estaba tomando mientras que disimuladamente echaba la leche en una orilla, pero el ordeñador lo vio. Mamá Vieja cumplió lo prometido. Esa tarde la ronda era “Armando toma apoyo o toma fuete por el culo”. Quería pelear, pero siempre nos las arreglábamos para que las guerras fueran con otros niños del barrio, por eso cuando Pipo el hijo de Chencha entró en el juego tuvo que vérsela con Tatico el hijo de tía Pancha. Al otro día la ronda era “Pipo corre como gallina y vuela como guanajo”. Pipo nunca fue valiente, se hacía el que no oía y todo quedó en diversión ¡Caramba, que dolor me dio cuando llegó la noticia de que habían matado a Pipo en Angola! Yo creo que se fue voluntario. Era muy bonachón y creo que abusábamos de él. Cuando creció hubo que respetarlo pues a los treces más o menos se hizo tan gigante como su padre que era un “Caupolicán”. Pipo el miedoso fue el primero en tener novia y se paseaba con ella orgulloso para que lo viéramos. Era el único que no iba al río con nosotros pues vivía para el lado contrario.
Al niño que no queríamos en el grupo era a Aquiles el Gigante, tenía más años que nosotros y era muy grandulón. Venía siempre al grupo, pero le gustaba darles cocotazos a los pequeños. Cuando llegaba nos hacíamos las moscas muertas y nos cambiábamos de lugar. La parte de atrás del poblado tenía suficiente espacio para todos. Dicen que Aquiles es mayor de la policía en La Habana. Nunca lo volví a ver desde que se fueron para la capital.
No quiero seguir pensando en los tiempos de la infancia porque me pongo triste cuando me acuerdo de mi hija y no sé qué juegos hace ni con qué niños se reúne.
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