15. Un día oyeron unas descargas de fusilería y el jefe salió apresuradamente con su carabina
La madre de Ángel compartía todos los planes y proyectos desde bien pequeño el niño. Sabía que el Jefe tenía un sistema de comunicación satelital con teléfono y computadora. Si en la clase de cocina descubría algo esa noche se lo contaba, como si presintiera la muerte y no quisiera que se perdieran sus descubrimientos. Su mayor interés era conocer las contraseñas creyendo que un día podía pedir auxilio pero rara vez quedaba sola en la casa del mandamás.
Un día oyeron unas descargas de fusilería y el jefe salió apresuradamente con su carabina. Ella entró y copió la dirección electrónica que estaba en el navegador de la computadora pequeña. Era larga y debía escribirla en un papel. Pensó que se tardaría en regresar porque el problema debía ser grande. Había una secuencia de letras y números sin ningún significado aparente. Miró la pantalla y se trataba de la sumatoria de saldos de diferentes bancos en diferentes países. Una ojeada rápido al total y vio la cifra de más de mil millones. Aun siendo periodista de profesión aquella cantidad le pareció muy grande. No quería creer que la droga generaba tanto dinero. Copió el enlace y lo comprobó letra por letra. Volvió a mirar en la pantalla y se dio cuenta que había varios íconos de bancos.
Angelina había observado que el Jefe era un tipo organizado. En su oficina todo estaba en orden. No sabía a qué hora se levantaba o se acostaba, pero sí fue conociendo algo su estricto e invariable plan diario que incluía hora fija para almorzar, bañarse y para la siesta. Esta última duraba exactamente una hora: de una a dos de la tarde. Era como una máquina con un ritmo fijo. Hasta cierto punto el jefe era monótono y aburrido, algo raro en la gente con su tipo sus preferencias. Si él había usado la laptop para comunicarse con el banco quería decir que la otra potente computadora que estaba allí no se usaba para esa tarea. Cuando el jefe regresó Angelina apenas había terminado en el ordenador.

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–Los muchachos tuvieron que fusilar a uno que se quiso pasar de listo –dijo fríamente y Angelina calló.
Esa noche ella habló mucho con el hijo contándole sus conclusiones acerca de las diferentes computadoras. Le dijo que si un día él tenía acceso a alguno de los ordenadores debía conectarlo al cable USB que pasaba por una caja electrónica y luego iba a la antena parabólica que estaba en el techo de la choza. Posteriormente le impartió toda una conferencia acerca de Internet, por lo menos como ésta era diez años atrás. También le dijo la cantidad de dinero que hasta ese momento tenía acumulado el proyecto, lo que eso representaba y cuantas cosas se podían hacer con esa cifra para la educación y la salud de la comunidad. Esto se complementaba con clases cuyos contenidos estaban en su propio ordenador y en los libros que sacaba del librero del máximo canalla.
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