20. Graciosamente los indios dijeron las palabras como pudieron
Con los instrumentos de trabajo que Pánfilo llevó Jesús Almansa cortó dos maderos a dura pena por sus pocas habilidades y ante la mirada atónita de chiquillos y adultos construyó una cruz y con un poco más de trabajo la clavó en el lugar más céntrico de este poblado. Comunicándose con señas hizo reunir a la tribu y le dijo:
–Jesús Cristo, el hijo de Dios, el Mesías.
Graciosamente los indios dijeron las palabras como pudieron y el encomendero se las repitió varias veces hasta que la pronunciaron aceptablemente. Por llamarse Jesús pensó que podía complicarse la comprensión por lo que señalándose a sí mismo con una mano en el pecho dijo:
–Yo soy Almansa.
Los indios se pusieron cada uno su mano derecha en el pecho y repitieron como pudieron las mismas palabras. Jesús se dio cuenta que no era tan sencillo enseñar castellano a aquellas personas pero no se desanimó. Continuaba diciendo que no pero los indios volvían a repetir lo mismo hasta que una joven de ojos resplandecientes que parecía una escultura vaciada en cobre dijo:
–Yo soy Guarina.
Jesús sonrió y detrás todos los indios empezaron a decir la oración sustituyendo el final por sus nombres propios haciendo siempre el mismo gesto. Había sucedido la primera lección del doctrinero.
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